Una Playa para ti

sencer
UNA PLAYA PARA TI
( Opera muda para un teatro en construcción ) -Pas de zebra-

Buscando entre las copias difusas de las fotografías de Federico García Lorca, las que sobraron después de realizar las ilustraciones para el libro” Lorca, la incógnita visita “, y con la esperanza de encontrar un último impulso para el proyecto del vestíbulo del Teatre Tarragona. Sin darme cuenta rompí el papel y fraccioné la imagen del poeta. Al instante, otra mano, imperceptible, retiró un viejo telón situado al fondo de una columnata, como quien retira una piel de cebolla, y descubrió un panorama donde los cuatro elementos mostraban sus poderes, y las cosas grandes y las pequeñas encontraban, no sin esfuerzo, su espacio y su geometría. Y una violenta curva cruzó el espacio sobre la línea exacta del horizonte marino.
Un mar a rayas azules y blancas, como la camisa marinera que Anna María Dalí le regaló al poeta en Cadaqués. Al mismo tiempo una playa crecía bajo mis pies como una alfombra de arena apasionada que se iba retirando impulsada por la brisa, dejando al descubierto las tablas de un antiguo teatro, y los signos inequívocos de la vida y de la muerte, en el fosforescente perfil de Lorca niño, fulgurando en la sombra de una caracola-calavera. Una serpiente ciega, fálica, verdosa y traslúcida, símbolo de lo femenino en el hombre, emerge como un remoto recuerdo, de lo más profundo de la tierra. Levanta la cabeza y abre la boca anhelando una gota de sangre, inmóvil, suspendida en el aire. Quintaesencia de la vida que se desprende de un chorro de sangre en asta de toro desgarrada.
Consecuencia última de los disparos sobre la lona- piel, curva, de la carpa del Camp de Mart, que vertieron el agua de lluvia, de la noche anterior a su definitiva instalación. Disparos que me recordaron otros disparos, reales, no fabulados. Agua, sangre, que inevitablemente recuerda otra sangre.
Fraccionada la imagen del poeta, su perfil de bronce ingrávido presidía la escena sobre una diáfana atmósfera amarilla, irreverente para el teatro. y en la húmeda línea sin fin del horizonte, la fotocopia de uno de los extraordinarios ojos del poeta, se sostenía en perfecto equilibrio, observando, desde el otro lado del espejo, allí donde mora el duende.

En un nocturno extremadamente constelado, una gigantesca pita carnívora, presa de un desbordado deseo intenta devorar una luna blanca como un diente de ajo. La naturaleza mostrando abiertamente su desatado deseo en busca de lo inabastable. Y Tarragona difuminada en la penumbra, iluminada por una lluvia de luciérnagas, reflejo de las estrellas sobre el asfalto duerme sueños de piedra y de ciprés. Mientras, a lo lejos, el fuego de los gitanos murmura presagios y canciones, la oreja del poeta se convierte en pájaro, y el esbozo de un animal fabuloso vomita las palabras que calló durante largo tiempo.

Una playa para ti. El poeta revela al periodista que quería hacerse una casa en el Mediterráneo. Una playa para todos. Un teatro bajo la arena y un pozo de secretos que se irán blanqueando al sol.

Josep Maria Rosselló

sencer
UNA PLAYA PARA TI
( Opera muda para un teatro en construcción ) -Pas de zebra-

Buscando entre las copias difusas de las fotografías de Federico García Lorca, las que sobraron después de realizar las ilustraciones para el libro” Lorca, la incógnita visita “, y con la esperanza de encontrar un último impulso para el proyecto del vestíbulo del Teatre Tarragona. Sin darme cuenta rompí el papel y fraccioné la imagen del poeta. Al instante, otra mano, imperceptible, retiró un viejo telón situado al fondo de una columnata, como quien retira una piel de cebolla, y descubrió un panorama donde los cuatro elementos mostraban sus poderes, y las cosas grandes y las pequeñas encontraban, no sin esfuerzo, su espacio y su geometría. Y una violenta curva cruzó el espacio sobre la línea exacta del horizonte marino.
Un mar a rayas azules y blancas, como la camisa marinera que Anna María Dalí le regaló al poeta en Cadaqués. Al mismo tiempo una playa crecía bajo mis pies como una alfombra de arena apasionada que se iba retirando impulsada por la brisa, dejando al descubierto las tablas de un antiguo teatro, y los signos inequívocos de la vida y de la muerte, en el fosforescente perfil de Lorca niño, fulgurando en la sombra de una caracola-calavera. Una serpiente ciega, fálica, verdosa y traslúcida, símbolo de lo femenino en el hombre, emerge como un remoto recuerdo, de lo más profundo de la tierra. Levanta la cabeza y abre la boca anhelando una gota de sangre, inmóvil, suspendida en el aire. Quintaesencia de la vida que se desprende de un chorro de sangre en asta de toro desgarrada.
Consecuencia última de los disparos sobre la lona- piel, curva, de la carpa del Camp de Mart, que vertieron el agua de lluvia, de la noche anterior a su definitiva instalación. Disparos que me recordaron otros disparos, reales, no fabulados. Agua, sangre, que inevitablemente recuerda otra sangre.
Fraccionada la imagen del poeta, su perfil de bronce ingrávido presidía la escena sobre una diáfana atmósfera amarilla, irreverente para el teatro. y en la húmeda línea sin fin del horizonte, la fotocopia de uno de los extraordinarios ojos del poeta, se sostenía en perfecto equilibrio, observando, desde el otro lado del espejo, allí donde mora el duende.

En un nocturno extremadamente constelado, una gigantesca pita carnívora, presa de un desbordado deseo intenta devorar una luna blanca como un diente de ajo. La naturaleza mostrando abiertamente su desatado deseo en busca de lo inabastable. Y Tarragona difuminada en la penumbra, iluminada por una lluvia de luciérnagas, reflejo de las estrellas sobre el asfalto duerme sueños de piedra y de ciprés. Mientras, a lo lejos, el fuego de los gitanos murmura presagios y canciones, la oreja del poeta se convierte en pájaro, y el esbozo de un animal fabuloso vomita las palabras que calló durante largo tiempo.

Una playa para ti. El poeta revela al periodista que quería hacerse una casa en el Mediterráneo. Una playa para todos. Un teatro bajo la arena y un pozo de secretos que se irán blanqueando al sol.

Josep Maria Rosselló

sencer
UNA PLAYA PARA TI
( Opera muda para un teatro en construcción ) -Pas de zebra-

Buscando entre las copias difusas de las fotografías de Federico García Lorca, las que sobraron después de realizar las ilustraciones para el libro” Lorca, la incógnita visita “, y con la esperanza de encontrar un último impulso para el proyecto del vestíbulo del Teatre Tarragona. Sin darme cuenta rompí el papel y fraccioné la imagen del poeta. Al instante, otra mano, imperceptible, retiró un viejo telón situado al fondo de una columnata, como quien retira una piel de cebolla, y descubrió un panorama donde los cuatro elementos mostraban sus poderes, y las cosas grandes y las pequeñas encontraban, no sin esfuerzo, su espacio y su geometría. Y una violenta curva cruzó el espacio sobre la línea exacta del horizonte marino.
Un mar a rayas azules y blancas, como la camisa marinera que Anna María Dalí le regaló al poeta en Cadaqués. Al mismo tiempo una playa crecía bajo mis pies como una alfombra de arena apasionada que se iba retirando impulsada por la brisa, dejando al descubierto las tablas de un antiguo teatro, y los signos inequívocos de la vida y de la muerte, en el fosforescente perfil de Lorca niño, fulgurando en la sombra de una caracola-calavera. Una serpiente ciega, fálica, verdosa y traslúcida, símbolo de lo femenino en el hombre, emerge como un remoto recuerdo, de lo más profundo de la tierra. Levanta la cabeza y abre la boca anhelando una gota de sangre, inmóvil, suspendida en el aire. Quintaesencia de la vida que se desprende de un chorro de sangre en asta de toro desgarrada.
Consecuencia última de los disparos sobre la lona- piel, curva, de la carpa del Camp de Mart, que vertieron el agua de lluvia, de la noche anterior a su definitiva instalación. Disparos que me recordaron otros disparos, reales, no fabulados. Agua, sangre, que inevitablemente recuerda otra sangre.
Fraccionada la imagen del poeta, su perfil de bronce ingrávido presidía la escena sobre una diáfana atmósfera amarilla, irreverente para el teatro. y en la húmeda línea sin fin del horizonte, la fotocopia de uno de los extraordinarios ojos del poeta, se sostenía en perfecto equilibrio, observando, desde el otro lado del espejo, allí donde mora el duende.

En un nocturno extremadamente constelado, una gigantesca pita carnívora, presa de un desbordado deseo intenta devorar una luna blanca como un diente de ajo. La naturaleza mostrando abiertamente su desatado deseo en busca de lo inabastable. Y Tarragona difuminada en la penumbra, iluminada por una lluvia de luciérnagas, reflejo de las estrellas sobre el asfalto duerme sueños de piedra y de ciprés. Mientras, a lo lejos, el fuego de los gitanos murmura presagios y canciones, la oreja del poeta se convierte en pájaro, y el esbozo de un animal fabuloso vomita las palabras que calló durante largo tiempo.

Una playa para ti. El poeta revela al periodista que quería hacerse una casa en el Mediterráneo. Una playa para todos. Un teatro bajo la arena y un pozo de secretos que se irán blanqueando al sol.

Josep Maria Rosselló

sencer
UNA PLAYA PARA TI
( Opera muda para un teatro en construcción ) -Pas de zebra-

Buscando entre las copias difusas de las fotografías de Federico García Lorca, las que sobraron después de realizar las ilustraciones para el libro” Lorca, la incógnita visita “, y con la esperanza de encontrar un último impulso para el proyecto del vestíbulo del Teatre Tarragona. Sin darme cuenta rompí el papel y fraccioné la imagen del poeta. Al instante, otra mano, imperceptible, retiró un viejo telón situado al fondo de una columnata, como quien retira una piel de cebolla, y descubrió un panorama donde los cuatro elementos mostraban sus poderes, y las cosas grandes y las pequeñas encontraban, no sin esfuerzo, su espacio y su geometría. Y una violenta curva cruzó el espacio sobre la línea exacta del horizonte marino.
Un mar a rayas azules y blancas, como la camisa marinera que Anna María Dalí le regaló al poeta en Cadaqués. Al mismo tiempo una playa crecía bajo mis pies como una alfombra de arena apasionada que se iba retirando impulsada por la brisa, dejando al descubierto las tablas de un antiguo teatro, y los signos inequívocos de la vida y de la muerte, en el fosforescente perfil de Lorca niño, fulgurando en la sombra de una caracola-calavera. Una serpiente ciega, fálica, verdosa y traslúcida, símbolo de lo femenino en el hombre, emerge como un remoto recuerdo, de lo más profundo de la tierra. Levanta la cabeza y abre la boca anhelando una gota de sangre, inmóvil, suspendida en el aire. Quintaesencia de la vida que se desprende de un chorro de sangre en asta de toro desgarrada.
Consecuencia última de los disparos sobre la lona- piel, curva, de la carpa del Camp de Mart, que vertieron el agua de lluvia, de la noche anterior a su definitiva instalación. Disparos que me recordaron otros disparos, reales, no fabulados. Agua, sangre, que inevitablemente recuerda otra sangre.
Fraccionada la imagen del poeta, su perfil de bronce ingrávido presidía la escena sobre una diáfana atmósfera amarilla, irreverente para el teatro. y en la húmeda línea sin fin del horizonte, la fotocopia de uno de los extraordinarios ojos del poeta, se sostenía en perfecto equilibrio, observando, desde el otro lado del espejo, allí donde mora el duende.

En un nocturno extremadamente constelado, una gigantesca pita carnívora, presa de un desbordado deseo intenta devorar una luna blanca como un diente de ajo. La naturaleza mostrando abiertamente su desatado deseo en busca de lo inabastable. Y Tarragona difuminada en la penumbra, iluminada por una lluvia de luciérnagas, reflejo de las estrellas sobre el asfalto duerme sueños de piedra y de ciprés. Mientras, a lo lejos, el fuego de los gitanos murmura presagios y canciones, la oreja del poeta se convierte en pájaro, y el esbozo de un animal fabuloso vomita las palabras que calló durante largo tiempo.

Una playa para ti. El poeta revela al periodista que quería hacerse una casa en el Mediterráneo. Una playa para todos. Un teatro bajo la arena y un pozo de secretos que se irán blanqueando al sol.

Josep Maria Rosselló

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